La motivación de los personajes

motivo
La escritura se vuelve cada día más visual, más espectacular, más dramática. Pero no es suficiente contar con éstos elementos disgregados en su novela: deben tener sentido. La razón del por qué suceden todas estas cosas en la historia es un elemento importante a tener en cuenta.

En cuanto al impacto sobre el lector, es muy diferente que su protagonista reaccione porque el banco le va a rematar la casa a que despotrique porque cancelaron la nueva temporada de su serie favorita.

Lo que sucede mantiene al lector interesado en el corto plazo. La razón porque sucede es lo que lo mantiene leyendo toda la novela.

Para la estructura, los puntos centrales del argumento y la premisa, el motivo por el cual su protagonista hace lo que hace será algo que usted como escritor tenga claro: El chico no quiere que la chica lo deje porque la ama, el agente secreto quiere encontrar la bomba antes que mate a todo el mundo, el policía quiere encontrar al asesino serial porque bla bla bla…

Obviamente, ser consciente de que usted precisa una razón es sólo una parte del tema. Hay que saber cómo transmitirla de forma interesante y clara al lector. Es la manera de que funcionen, de sacarles partido.

Pero no toda la novela son grandes puntos centrales y momentos estelares. Los personajes se mueven, hacen cosas, van a sitios, interactúan con otros personajes. Esas escenas también requieren de una motivación.

Como estos momentos incidentales no tienen grandes consecuencias, es fácil dejarlos deslizar en la novela sin mayores preocupaciones. Hacerlos cortos y rápidos para sacárselos del medio. Si usted necesita que un hombre vaya hasta el súper, porque es allí donde se va a cruzar con un miembro de la banda que persigue, entonces le dice a su novia que se quedaron sin Coca Cola Zero y parte hacia allí.

Y eso es perfectamente plausible. No hará que el lector arroje el libro por la ventana del disgusto, probablemente seguirá leyendo deseando que las cosas no pierdan más interés. Pero ¿esto es lo que usted pretende… que no se aburra mucho? La pregunta es: ¿Seguirá entonces enganchado a la historia, devorando páginas?

Porque las escenas genéricas, incidentales, emocionalmente descafeinadas no ayudan a mantener la atención. Y el hecho de que aún no empezó la persecución de la banda (la parte buena) no justifica que deba aburrir al lector.

Si, por ejemplo, la novia le pide que vaya a comprar cinco cosas que ella considera necesarias de camino a casa, y le pide que las apunte. Pero él se disgusta, porque hace un tiempo ve que lo trata como a un niño y que no tiene fe en su memoria, entonces se niega a anotarlas. Igualmente ella le envía la lista al móvil, lo que lo enoja más. Finalmente tratando de encontrar esa última cosa de la lista, de la marca que a ella le gusta para probar que sí se fija en los detalles, es donde encuentra al maleante y la verdadera acción se dispara.

El punto es que usted puede crear tensión, emoción y mostrar la personalidad del protagonista con estas escenas de conexión, y al mismo tiempo lograr su objetivo de llevarlo al súper.

En la vida real la gente hace gran cantidad de cosas por las mismas razones. Si digo que me estoy comiendo una hamburguesa usted no necesita mayor explicación, asumirá que tengo hambre y comer es lo que hacemos cuando tenemos hambre. Como escritor, sin embargo, hay un margen en lo aparentemente normal para estimular el interés del lector.

Si nuestro protagonista debe ir al banco, no hay motivo por el cual ésta escena no pueda ser interesante. Si debe ir a la joyería, no hay razón para que ésta escena no sea entretenida. Pero si el personaje dice que va al banco, pero cuando está llegando pasa de largo y finalmente entra en la joyería de la esquina, el lector ya estará interesado en el porqué.

Usted puede salir del paso dando las razones usuales a sus personajes, pero el potencial para lo inesperado, para lo extraño que enganche al lector quedará sin utilizar.

Seleccione cualquier momento de su historia y pregúntese si la razón por la que el personaje está haciendo lo que hace puede ser más interesante, o si puede mostrar mejor el perfil de su protagonista. Es probable que usted esté dispuesto a construir estos momentos secundarios de otra forma, para hacerlos momentos interesantes.

La clave está en entender la motivación principal de nuestro personaje y las innumerables motivaciones secundarias que lo impulsan por el resto de la historia. La motivación es la razón por la cual los personajes hacen algo y debe ser consistente con el perfil del personaje.

El lector no podrá conectar con personajes si no cree en la razón por la cual se mueven. Los personajes en movimiento desarrollan la historia, la motivación los hace mover, los distingue e individualiza. Para tener claro éste concepto, hay algunos puntos que debemos saber:

La motivación del autor no es la misma que la motivación del personaje

Para distinguirlas es necesario distinguir si el protagonista hace algo porque ayuda al libro, al argumento, o porque lo ayuda a sí mismo como persona. Esto se consigue preguntando al personaje, como en una entrevista. Sus respuestas se centraran en su carácter y sus motivos en el punto de la historia donde se encuentra, sin conocer lo que le depara el argumento. Que sea necesario para la historia hacer algo no lo justifica, el lector debe creer que el personaje tiene sus propias razones para hacerlo.

Las motivaciones pueden ser proactivas o reactivas

Las primeras llevan al personaje a actuar en dirección a una meta o un objetivo. Generalmente son inherentes al perfil del personaje, éste las genera. Las motivaciones reactivas apuntan a acciones en respuesta a un suceso previo. Usualmente alejan al personaje de ese suceso, lo quiere resolver o dejar atrás. Son más limitadas, rápidas y a veces conducen a resultados inesperados.

Hay motivaciones externas y motivaciones internas

Las motivaciones externas tienden a ser más o menos universales. Las internas son las que van a individualizar su carácter, a mostrarle ese perfil diferenciador al lector. La mayoría de nosotros queremos éxito (la búsqueda del éxito es general, universal, externa), para encontrar lo que diferencia a los personajes la pregunta es ¿por qué? No es lo mismo que busque el éxito para ganar el amor de su padre que para conseguir la venganza contra los que le despreciaban. Usted deberá revelar gradualmente la motivación interna a través de los acontecimientos de la trama… el personaje, por cierto, rara vez es plenamente consciente de la motivación interna.

Algunas motivaciones categorizadas como externas o internas:
Motivación (metas, efectos o acciones que provoca)

Externas:
Supervivencia – Seguridad (comida, agua, refugio)
Confort físico (calor, comodidad, salud)
Placer – Hedonismo (sexo, comida exótica, cultura, juegos, desafíos)
Dominio – Tiranía (poder, estatus social, respeto, temor)
Avaricia – Coleccionismo (riqueza, materialismo, rarezas, excelencia)
Curiosidad (aprendizaje, búsqueda, investigación)
Maestría – Perfeccionismo (conquista, disciplina, logros)
Reproducción – Conservación de la especie (niños, familia, creatividad, adaptación)

Internas:
Autonomía – Aislación (suficiencia, libertad, habilidad)
Pertenencia – Aceptación (seguridad, cooperación, lealtad)
Amor (conexión, pasión, sexo, aprobación, generosidad)
Venganza – Justicia (castigo, perdón, reconocimiento de daños, revancha)
Culpa (responsabilidad, vergüenza, redención, perdón, castigo)
Identidad – Egocentrismo (autoestima, autoconocimiento, autoprotección)
Paz interior – Evasión de conflictos (serenidad, claridad, pasividad)
Espiritualidad – Fetichismo (religión, trascendencia, transformación)
Crecimiento físico – Vejez (aprendizaje, maduración, sabiduría)
Ambición – Ansiedad (inseguridad, miedo al fallo, inferioridad, estrés)
Racionalización (éxito, pruebas, apologías, comprensión)

Motivación externa primordial: Preservación de la especie.
Motivación interna primordial: Autoprotección.

Hay que distinguir los objetivos de las motivaciones

Los objetivos, las metas de nuestros personajes son como las flores, la motivación es la raíz. El objetivo es la manifestación visible de la motivación. Es concreto, específico y mesurable. Nadie sabe cuándo se ha satisfecho una motivación, pero sí cuando se ha logrado un objetivo, alcanzado una meta.

Tenga en cuenta que mientras el objetivo es visible, las conexiones con la motivación no son siempre claras y directas. Su personaje puede tener un buen objetivo pero por satisfacer una oscura motivación: Quiere ser el primero de su clase y obtener una beca para la universidad, su motivación es alejarse de su viejo padre a quien ve como una carga y no regresar nunca más

La motivación subyace en el pasado, el objetivo es el futuro… el conflicto, la historia, son el presente.

Es necesaria una motivación para una acción

La motivación existe para inspirar al personaje a hacer elecciones, tomar decisiones y ejecutar acciones. Si cree que su protagonista es pasivo, es lo mismo que decir que le faltan las motivaciones suficientes para pasar a la acción. Deberá evaluar si la mayoría de los eventos “le suceden” al personaje o si, al contrario el personaje los causa (intencionalmente o no) por una motivación externa o interna.

Toda acción, como dije, debe tener un motivo no importa qué tan pequeña sea. Si la motivación es obvia, entonces no hay que explicarla (todos asumimos que alguien corre para escaparse de un tigre porque teme por su vida).

Pero si la motivación no es tan nítida, vuelva y asegúrese de que se explique. Siempre puede generar algún evento que refuerce el perfil del personaje y aclare sus motivos al lector.

Por ejemplo, si su personaje es un hombre honesto y usted necesita que entre en una oficina de una mujer a robar unos documentos entonces deberá considerar qué puede ser tan importante que lo lleve a quebrar su propio código moral y convertirlo en su motivación. Quizás la mujer está chantajeando a su abuela, o está ocultando pruebas de su inocencia en un juicio por asesinato. Sólo asegúrese de que todo encaja. Introducir nuevas motivaciones a menudo implica hacer cambios en el argumento principal.

Compare la motivación externa, la obvia, con el objetivo y las acciones que genera. SI no coinciden, hay una motivación interna que fuerza esta conducta extraña. ¿Qué secreto deseo (miedo, valor, anhelo) está influenciando las acciones de su protagonista?

Otra razón para la diferencia entre motivación y acción es querer hacer actuar a un personaje particular y original como un arquetipo. Es como querer hacer entrar algo a la fuerza en un molde que no le corresponde.

Recuerde: El heroísmo o la villanía están en las acciones, no en la motivación. El héroe hace cosas heroicas no las intenta. El villano hace el mal aun teniendo la mejor de las intenciones (o a pesar de ello, por escoger mal su objetivo).

En la etapa de revisión, haga una lista de las acciones que realiza su personaje sin motivación aparente. ¿Son todas positivas? ¿Hay algún acto de verdadero heroísmo (coraje extraordinario, disciplina, esfuerzo, sacrificio, compasión)? Si no es así, no tiene a un héroe, aunque su motivación sea salvar el mundo.

Sacrificar la motivación original para lograr un objetivo mejor es el acto más heroico.

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9 Respuestas

  1. Rosaura Mata Vega dice:

    Gracias. De verdad desde niña he soñado con escribir pero nunca tuve la oportunidad , pero ahora que puedo siento que al empezar divago mucho y mis ideas no tienen un orden engines, no tengo estructura y siento que ya estoy muy vieja para querer hacer algo interesante. Rosaura

    Enviado desde mi iPhone

  2. jaime castillo dice:

    Leí el tema de las motivaciones, es como todos los otros interesante, siempre nos deja una escuela la forma muy bien elaborada de como desarrollas tus temas, eres bastante explicito en el desarrollo de un tema.
    En cuanto al tema mismo, considero que si es necesario que dentro de la historia que se esta contando el personaje implícitamente tiene que tener o mostrar una motivación, ya sea el odio, la venganza, la reconciliación, el amor, el perdón, cualquiera que se nos ocurra pero si debe haber una motivación para ponerle carácter a la historia, sin motivación solo tendríamos personajes vacíos que van por el mundo como robots. Es como dice una vieja melodía, “Sin un amor el alma muere destrozada, sacrificada sin razón sin un amor no hay salvación”.

  3. lauariposse dice:

    Excelente artículo. Disfruto y aprendo mucho leyendo este blog. Saludos.

  4. El artículo es exhaustivo e inteligente, como siempre. No es que no comparta sus razones, pero leyéndolo, no he podido evitar pensar que, visto lo visto, los personajes de ficción deben ser mucho más reales que nosotros mismos, acostumbrados como estamos todos a hacer cosas sin saber por qué, es decir, sin motivo. No creo que sea malo siempre dejar algún cabo suelto, o incluso contradecirse. Creo que, junto con la trama, la literatura se justifica muchas veces como expresión de un lenguaje que nos seduce, más allá de lo que al fin acabe contándonos. Muchas gracias.

    • escrilia dice:

      La vida no tiene ningún formato, Raül, ni argumento y no por eso es menos interesante, seguro. El problema de las inconsistencias, casualidades y sinsentidos que en la vida son moneda corriente, en una novela generan en el lector incredulidad y esto le lleva a romper ese pacto donde aceptaba que lo que le estábamos contando era verdad, que no lo engañamos. Ésto mina las posibilidades de disfrutar con la lectura y nos aleja del relato. Como bien dices, se puede disfrutar del lenguaje, pero para ello no tengo que leerme 300 páginas de una novela, hay artículos, poesías y cuentos que lo hacen mejor en pocas páginas. Cuando leo una novela quiero todo el paquete: buen lenguaje, personajes redondos, escenarios que esté viviendo mientras los leo y un argumento inteligente. Y no pido mucho.

      • ¡Ah, el eterno debate entre literatura y vida…! Queda claro que la narrativa tiene sus convenciones (lo cual no la hace distinta de la vida, por cierto), y vaya por delante que comparto su parecer. Lo que pasa es que todo es cuestión de prioridades, es decir, de qué tipo de novelas nos gustan. Recuerdo las páginas de La vida breve de Onetti, por ejemplo (en las que, por cierto, hay numerosas incongruencias, acaso buscadas): en esta obra se nos transmite una imagen bien precaria de los personajes, cuya identidad se va creando a medida que avanzamos en el texto junto con la del propio autor), y es por ello por lo que la considero una lectura altamente recomendable. Un abrazo.

  5. antonio diaz berdugo dice:

    Como de costumbre, el articulo es magnifico. Pero, la duda que me queda es: saber si en una descripción de un personaje es acertado invocar a un personaje conocido o a un actor…Ejemplo: los andares de Lola Flores.

    • escrilia dice:

      Gracias Antonio. Respecto a tu duda, sí que puedes hacer una referencia a un personaje conocido pero ésto tiene al menos dos puntos en contra: Uno es que presupones que tu lector conoce el aspecto que mencionas de ese personaje conocido en particular (quién es Lola Flores y cómo andaba, lo que un lector de 20 años de Valparaíso puede no saber); para los que no lo conocen es una referencia inútil.
      El segundo punto es que siempre conviene realizar tu propia interpretación o descripción de las cosas que escribes y no depender del conocimiento del lector, esperando que haya entendido lo que decías. Por ejemplo: Si alguien que lee tu referencia odiaba a Lola Flores (es un decir) generas un sentimiento de rechazo hacia el personaje que quizás no era buscado. Si en vez de hacer esa referencia interpretas de forma literaria cómo ves tú los andares de Lola y dejas su nombre de lado tendrás más control sobre tu mensaje… y los que no la conocían también entenderán como caminaba tu personaje.

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