¿Planificar o sólo sentarse y escribir?

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Cuando nos decidimos a escribir una historia hay dos modos de aproximarnos al proyecto: Planificación e impulso. Podemos planificar todo de antemano y luego guiarnos con ello como si fuera un mapa. O podemos dejarnos llevar por el deseo de contar lo que en ese momento bulle en nuestra cabeza… y ya veremos a dónde nos lleva la propia historia.

Cada escritor tiene sus preferencias, pero ¿cuál es el mejor sistema? ¿Cuál es más sencillo, más fácil y cuál requiere mayor esfuerzo? ¿Es cierto que uno lleva a una historia seca, prefabricada y el otro a una madeja ingobernable y sin sentido? ¿Cómo puede usted saber qué modalidad le conviene a usted y a su historia?

Harold Pinter (Nobel de Literatura 2005), cuando se le preguntaba sobre su proceso de escritura, decía que solamente le bastaba con poner a dos personas en una habitación y esperar a ver qué pasaba. Si yo hiciera eso tendría dos personas bastante calladas, una empezaría a jugar con su smartphone y la otra probablemente empezaría a silbar. Y a ver qué historia saco de eso.

Stephen King dice en su libro Mientras escribo (más que recomendable) que no tiene idea de dónde va la historia hasta que los personajes se lo dicen. El gran problema de hacer lo que nos dicen escritores sumamente talentosos y experimentados es que la mayoría de nosotros no somos tan talentosos, ni tan expertos.

Sin dudas, sentarse delante de la pantalla del ordenador sin una idea definida de lo que queremos decir tiene ese sabor de lo romántico. Los personajes cobran vida, la chispa de la inspiración los recoge y lanza a través de eventos fascinantes, y al final todos los hilos se combinan en la escena culminante para producir una solución satisfactoria y esclarecedora. ¿No sería genial?

Desafortunadamente la realidad es un poquito menos poética.

El cerebro, acostumbrado a resolver problemas con el menor esfuerzo posible, tiende a escoger la respuesta obvia y encadenar conceptos familiares. A menudo la primera idea que usted tiene no será muy buena. Y las cosas se pueden volver algo más complicadas a medida que se incorporan personajes, eventos y subtramas… y al final deberá resolver todo de forma satisfactoria. Es demasiado para mantener en la cabeza mientras escribe.

Entonces será mejor tener todo pensado y detallado en un plano, una guía, ¿no?

Muchas de las mismas cuestiones antes mencionadas se aplican aquí también. Cuando se configura un argumento trabajado punto por punto (sucesos, puntos de giro, revelaciones, escenas y secuelas) el hecho de tener todo lo que necesita justo en frente de los ojos cuando escribe es estupendo. Pero es el mismo cerebro trabajando, y la tendencia seguirá siendo optar por lo obvio y lo predecible.

En el método de la exploración y el desarrollo simultáneo (bah, sentarse y escribir), usted no sabe si la historia va a resultar interesante hasta que la tenga terminada. Así, quizás le puede tomar mucho tiempo descubrir que la historia no va a ninguna parte. Y cuando lleva 30.000 palabras escritas no es algo fácil de asimilar.

En el sistema de planificación exhaustiva, usted puede engañarse a sí mismo, pensando que todo encaja a la perfección. Estudió todo, tiene un argumento inteligente, preparó cada secuencia, puso inesperados giros y le dio a todo un final brillante. Pero hasta que empieza a escribir no se dará cuenta si la “receta” funciona realmente. Es sencillo poner “Capítulo 8: Fred escapa de prisión y se dirige a Shanghái para vengarse”. Pero entonces llega el momento de escribir el capítulo 8 y aún no se le ha ocurrido un plan de escape interesante y sorprendente, ni una forma lógica y original de que Fred llegue hasta Shanghái.

Personalmente soy más del tipo planificador, pero me he dado cuenta que si uno insiste en planificar hasta el más mínimo detalle sufre una superexposición a la idea que termina aplacando el entusiasmo. Y no hay cosa más irritante que tener todo planeado y darse cuenta que se aburre mientras lo escribe (y si eso le pasa al autor, imagínese a sus lectores).

Imaginar y planear cada giro de una historia aún antes de haber comenzado precisa tanta creatividad como sentarse a escribir y decidir sobre la marcha.

Lo que ambos, “planificadores” e “impulsivos”, necesitan al afrontar la creación de una novela es una noción sobre qué se trata en la historia principal. Usted tiene que comenzar con algo sólido, una idea, una situación, un problema. Algo que los personajes deberán enfrentar, tratar, solucionar. Y esa idea tiene que ser interesante.

Entonces, antes de escribir cada escena, usted debe tener pensado cuál es el sentido de esa escena, de qué se trata. Y esto también tiene que ser interesante. Es este contexto lo que hace a una historia atrapante, no simplemente lo que hace o dice la gente que participa.

Muchos escritores que se consideran “impulsivos” no se dan cuenta que planifican. Ellos piensan: “Bueno, llegado a este punto ella vuelve a la casa de campo, encontrará la nota, veamos que pasa…” y empiezan a escribir, pero es entonces cuando pueden enfocarse en la escena y los personajes toman vida. Hacen una planificación mental que los sitúa en contexto y tono. Entonces escriben y escriben hasta que los eventos se van acomodando y descubren cuál es el objetivo de la escena. Entonces deben volver a corregir/editar para sostener esa idea. Uno de los problemas principales de la escritura exploratoria es la cantidad de trabajo que se debe eliminar en la edición. Porque al fin y al cabo se trata del viejo sistema de prueba y error.

La mayor diferencia entre planificar o “simplemente escribir” es que, quien crea un argumento previo, necesita determinar el objetivo y las consecuencias de cada escena. Para ser capaz de pensar qué sucede a continuación debe saber no sólo de qué se trata cada escena, sino como acaba. Para un escritor “impulsivo” la única manera de saber cómo termina una escena es escribirla.

Y es la única diferencia a destacar. Si usted es bueno decidiendo cómo debe terminar una escena sin escribirla, entonces le aconsejaría que planifique. Sabrá mucho más rápido si la historia tiene potencial.

En realidad escribir una escena requiere la misma cantidad de imaginación y destreza en ambos casos, y los personajes tienen las mismas oportunidades de decidir si lo que había planeado para ellos es lo que quieren hacer o no, pero eso siempre es un riesgo (y generalmente un reto estimulante).

Una cosa que tienden a pasar por alto ambos estilos de escritura es: ¿por qué esto que voy a escribir puede resultar interesante para alguien más que no sea yo? Sea el tipo de escritor que sea, no pase a la escritura/planificación de la siguiente escena hasta que haya una señal de que la escena que acaba de escribir/planificar tiene sentido, objetivo e interés. No tiene que partir la tierra, pero no debe ser superficial ni sólo funcional (salir de A para llegar a B).

Una vez que tenga ese primer borrador escrito se acaban las diferencias de sistema. Para los “impulsivos” el primer borrador probablemente parecerá una versión ampliada y con anotaciones del último argumento detallado del “planificador”. Ambos enfoques convergen entonces en el proceso de edición, corrección y reescritura.

No importa lo mucho que disfrute improvisando, o lo mucho que haya pulido un argumento previo, la reescritura es tomar lo que ya tiene escrito y hacerlo mejor. Sin prisa y sin pausa. No hay ninguna forma de evitar esta parte del proceso.

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8 Respuestas

  1. Es como viajar: se puede planificar la ruta o tirarse a la carretera. Serán dos viajes diferentes: el primero, menos arriesgado y más previsible; el segundo, más improvisado y más divertido… o más peligroso (depende de nuestra capacidad de resolución y, también, del destino elegido).
    Tampoco será igual escribir una novela corta y sencilla sin hoja de ruta a escribir una historia compleja sin estructura previa.
    Yo no soy de planificar, porque me aburre. Eso no quiere decir que me lance al vacío sin red. Trabajo mucho mentalmente, antes y durante el proceso de escritura, aunque no delante del teclado (ahí me enfrento con otros problemas). Intenté los dos sistemas: los dos llevan su tiempo, aunque prefiero gastarlo en corregir algo delirante que en motivarme a seguir un recorrido previsto.
    Lo que tengo claro son las cosas que quiero decir. Y las que prefiero callar, también.

  2. jaime castillo dice:

    Yo ya había leído este artículo y no lo había entendido del todo, la primera vez que lo leí lo entendí como que tú ESCRILIA, solo te referías a planificar no ha improvisar, el artículo me gusto, pero considere que yo no puedo hacer toda es planificación. Ahora que leí por segunda vez entiendo que te refieres a los dos sistemas y no le das más a uno que otro, sino que eso depende más bien del caracter del escritor.
    Las personas introvertidas para mí tienden más a ser planificadoras, y las personas extrovertidas como yo tiendo más a la improvisación, en mi caso personal, considero que hay un poco de ambas cosas, porque antes de iniciar a escribir aúnque sea sólo mentalmente pero si planifico, primero porque elijo el tema central sobre lo que versara toda la novela, segundo quien es el personaje central de mi historia, y algunos personajes secundarios, también la atmosfera donde se desarrollan los hechos, y el capitulo de inicio, cuando ya tengo todo eso, me lanzo a escribir y todo lo que sale luego se va dando de manera expontanea en el relato, antes iniciar no se cuantos capítulos tendrá la novela, pero si se cual será el final, y trato que ese final concatene con el inicio de la historia.

  3. iscar dice:

    ¿Cómo elegir cuantas paginas tiene un capitulo en un cuento?

    • dádileb dice:

      Eso depende. Si estas escribiendo algo juvenil el capítulo debe ser corto 3 a 6 páginas unas 2 o 3 mil palabras. Porque los personajes no deben permanecer estáticos. Y la mayoría cambia de cap al cambiar de ambiente

  4. Emmet Satori dice:

    Creo que el problema con planificar es que –al menos en mi caso– me cuesta mucho llevarlo a cabo, es decir, seguir el plan.

    No me gusta sentirme atrapado en una historia que me va a llevar un año sólo escribirla y encima saber cada paso que voy a dar. Quizá por eso es que he terminado siendo algo así como poeta y cuentista. Más bien por descarte, pues escribir novela me parece algo imposible –aún–.

    Sería el equivalente a pasar un año en una habitación. Me parece insoportable, aún así quisiera hacerlo, escribir novela. –No sé por qué, como un reto–.

    Yo no escribo si no siento el impulso, esa idea que se te viene a la mente y te parece brillante, una frase, unas palabras.

    He intentado escribir a la brava: decir “voy a escribir algo” y escribir, pero me he dado cuenta que haciendo esto mi texto carece de vida, de contenido, no me dice nada. Y eso es lo peor que un escritor puede hacer. Algo que, bueno, veo por doquier y es penoso.
    En lo personal me gustan las historias bien hechas. Yo soy más cinéfilo que bibliófilo la verdad, y cuando una película está bien hecha, cuando cada detalle está cuidado, cada escena, cada locación, las luces y sombras, la paleta de colores, la fotografía, el sonido, da gusto verla. Aunque la historia sea críptica, divague y/o no lleve a ninguna parte.

    Creo que en lo que leo también soy así; me fijo mucho en el estilo, y si no me gusta el texto en las primeras líneas, en las primeras frases, dejo de leer, así de simple. La vida es demasiado corta para leer basura, siempre lo digo. Y puede que lo que sea útil para mí no lo sea para otro, para gustos los colores vamos, entonces leo sólo lo que me gusta.

    En ese sentido la lectura para mí es una búsqueda.

    A mi parecer es más importante tener esa sensibilidad para saber si lo que estás escribiendo sirve o no.

    Si tiene esa calidad que tanto disfruto en el arte en general –a mi parecer– entonces es bueno. Y no necesito preguntarle a nadie nada. Y si a alguien no le gusta o no le parece pues se jode.

    Cabe decir que esa calidad es difícil de conseguir y se necesita mucho trabajo y mucho tiempo para _escribir_ un texto así –que brille y que corte–, es por eso que escribo cuento –y poesía–, porque ése es el límite de estrés que puedo manejar.

    Además me gusta ir de aquí para allá y saltar de una historia a otra, no limitarme por nada.

    Quizá la clave es que lo que escribas tenga ese algo que buscas en la literatura que consumes.

    El método… ya cada quién hará lo que le sirva.

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