Cómo escoger una buena idea para escribir

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Si usted es como la mayoría de los escritores que conozco, entonces usted tiene tantas ideas para escribir que ya no sabe qué hacer con ellas. Surgen espontáneamente más rápido que lo que usted tarda en encontrar una libreta para anotarlas.

Y ¿cómo podía ser de otra manera? Muchas cosas le han ido sucediendo a usted, y a todos los que conoce, toda su vida. Ha estado leyendo, escuchando y absorbiendo historias mucho tiempo. Los periódicos y los noticieros televisivos ofrecen conflictos en abundancia. Toda la gente genera acontecimientos de aparente importancia, capaces de convertirse en historias. Una vez que ha estado escribiendo durante un tiempo y que su entorno le identifique como escritor, la gente comenzará a contarle historias, diciendo que ellos mismos las iban a escribir, pero de algún modo nunca les llegó el momento. Insistirán en que las historias son buenas, perfectas para su próxima novela, e incluso usted puede estar de acuerdo con ellos…

No hay una escasez de ideas, y todas podrían llegar a convertirse en buenas novelas en las manos adecuadas. Pero ya sabemos que simplemente una idea no vale mucho.

Kafka tomó la noción de “convertirse en un insecto” y lo desarrolló de forma literal en su Metamorfosis. A Truman Capote le llamó la atención la noticia de un asesinato múltiple, brutal y aparentemente sin sentido, y lo desarrolló en su novela A sangre fría. Según parece, el Frankenstein de Mary Shelley se basó en un sueño alarmantemente vívido.

Hay ideas en cualquier lado, en todas partes. Encontrar ideas no es un problema. Lo que sí es difícil para todos los escritores es decidir cuál de esas ideas, en medio de esta inundación de líneas argumentales fragmentadas, tiene el potencial para convertirse en una buena novela. Y más difícil aún, encontrar una historia que le atrape, que realmente le interese transmitir… y que pueda contar bien.

Hay cuatro preguntas básicas que debemos hacerle a cualquier idea para una nueva historia, y así decidir si está lista para ser desarrollada, o necesita madurar un tiempo más en su cuaderno de apuntes.

1. ¿Es una historia que USTED puede y quiere contar?
No todas las ideas pueden convertirse en historias que sean adecuadas para que usted las cuente. Personalmente nunca podría escribir una historia con un argumento basado en el terror psicológico o las percepciones alteradas de la realidad. Me he dado cuenta de que, en algún nivel fundamental, veo estas historias como burdos intentos de engañar al lector presentando hechos que luego no concuerdan con la realidad de la novela, terminando con un simplista “fue todo un sueño”, “en realidad estaba drogado” o “tiene una enfermedad mental”. Aunque haya leído historias de este tipo (y algunas hasta las he disfrutado) no me imagino a mí mismo embarcándome en la escritura de una novela así, no con la seriedad fundamental necesaria para escribir de manera convincente.

La mayoría de las ideas que le llegarán, de cualquier fuente, van a ser así. No van a ser temas de profunda importancia para usted. Y si no lo son, ¿cómo va a convencer a un lector que sí se preocupa por ellos? Todo el proceso va a ser forzado, mecánico, dando por resultado un argumento intelectualizado y poco convincente. Y aún más si son cosas con las que usted se siente incómodo sólo hablando, como padres crueles, amantes infieles, maltrato animal, el hambre mundial, o la angustia de las esclavas sexuales filipinas.

Creo que el consejo tradicional de “escriba sobre lo que sabe” se puede aplicar como: elija temas en los que esté realmente implicado, de las que pueda escribir,  las cosas que le importan en gran medida, cosas que le interesa mostrar, problemas que quiere solucionar, por lo menos en el papel.

Esas historias tendrán una resonancia especial para usted. Su imaginación se liberará, generando una dinámica espacial: esas historias movilizarán su interior y eso se verá en el texto.

Ese es el primer criterio: ¿Es esto algo que realmente le importa, algo que usted entiende (al menos en parte, aunque deba investigar), algo que de verdad quiere contar?

2. ¿Es demasiado personal como para que los lectores se involucren?
Esto tiene que ver con el objetivo de la escritura. En parte es expresión personal, pero (irá en aumento mientras más escriba) también es comunicación. Usted quiere que sus textos alcancen a los lectores, que los emocionen, que los conmuevan. Usted quiere compartir la exploración del tema que ha escogido. Quiere divertirse escribiendo para que ellos se diviertan leyendo. Tal vez incluso quiere vender muchos libros, y ser famoso (y rico). Esas son razones válidas también, siempre que no sean el principal objetivo o el único.

Si los resultados son más importantes para usted que el proceso, si no quiere escribir, sino sólo haber escrito, está en problemas.

Así que la segunda cosa que hay que preguntarse, acerca de cualquier idea para escribir, es si se trata de algo muy personal, algo que es muy importante para usted, pero que aburriría a un extraño.

Algunas experiencias están muy cerca de nosotros. Sentimos una profunda emoción hablando de ellas, pero no las hemos superado todavía y no somos capaces de ponerlas en perspectiva para que alguien más las vea. O tal vez son demasiado exóticas, como un especialista en los hábitos del caracol amazónico, que supone que el tema, desarrollado en forma de novela, será fascinante para un gran número de personas.

Es comprensible, y aburrido, que la gente quiera mostrar las fotografías de sus hijos o que quieran compartir las 2.761 imágenes de sus últimas vacaciones, o que nos sienten en su sala a ver películas caseras de la familia bañando el perro. Es su vida, es importante para ellos y no pueden entender que no sea importante para usted: son puntos ciegos por cercanía emocional. Para un escritor, este tipo de conducta es imperdonable (y probablemente imposible de publicar).

Para este tipo de temas muy personales, el contexto que les haría cobrar importancia tomaría demasiado tiempo de explicar para que alguien lo pueda entender y se viera afectado de la misma manera que el emisor del mensaje.

Es un problema típico de la ficción autobiográfica o de las historias “basadas en hechos reales”. Usted deberá ser capaz de tomar distancia y preocuparse del mensaje y el estilo. Debe ser capaz de editar sin piedad, cortar tal incidente, cambiar ese personaje, alterar las escenas en pos de la buena ficción, independientemente de lo que realmente sucedió. Usted tiene que estar, de alguna forma, libre de ataduras emocionales con la historia real antes de que esté listo para escribir sobre ella. Usted tiene que estar dispuesto a mirarla a través de los ojos de un extraño, los ojos de sus lectores potenciales.

Pero no hay que subestimar sus propias experiencias como una fuente de ideas. Pequeñas y vívidas impresiones (como la sensación de unas zapatillas nuevas, la luz a través de una ventana de color, levantarse en medio de la noche cuando está oscuro y aterrador, ser el único peatón en una calle vacía) han sido la base de una maravilloso e imaginativo cuento de Ray Bradbury (El peatón del libro Las doradas manzanas del sol). Codiciar un abrigo fue la base de una historia clásica de Nicolai Gogol (El abrigo). Un traje hecho con alambre de gallinero puede ser una armadura para salvar vidas (Matar a un Ruiseñor). Las pequeñas cosas pueden tener un inmenso impacto, si se les da un contexto que ponga de manifiesto su importancia.

Su propia experiencia es una mina inagotable de ideas de ficción, siempre y cuando usted pueda hacer que los lectores vean su experiencia como importante y aplicable a sus propias vidas. Nunca podrá saberlo con certeza. Sólo podrá reconocer el problema de estar muy involucrado y hacer lo mejor posible para lograr el balance entre lo personal y lo universal.

Ponga siempre en lo que escribe todo lo que conoce, siente, ha experimentado o imaginado. Como los elfos de Lorien de Tolkien, ponga algo de lo que ama en todo lo que usted hace.

Y si usted es cínico por naturaleza y quiere escapar del sentimentalismo, porque es algo que en realidad detesta: también.  Tal experiencia directa, de primera mano, es una fuente invaluable de la clase de detalles personales reales, inmediatamente convincentes, vívidos que dan carne a un argumento y lo hacen ver real a los ojos de un lector.

Así que su segundo criterio debería ser: ¿Puedo trabajar con esta idea de forma que esté involucrado, pero sin concesiones sentimentales, logrando que sea significativa para alguien más?

3. ¿Esto va a alguna parte?
Concierne al material mismo. Suponiendo que los primeros dos criterios coinciden y tiene una idea que es importante para usted y no demasiado personal como para que otros la entiendan; lo siguiente es saber si esta idea es dinámica. Las historias tienen un motor interno que las impulsa hacia el desenlace. ¿Esta idea lo tiene? ¿Se le puede agregar uno? ¿Tiene la estructura adecuada o se puede adaptar a ella?

Si usted puede imaginarse una escena inicial, alguna intermedia (desarrollando una línea argumental) y una confrontación final o una resolución de alguna clase, la idea tiene potencial.

No importa si las escena que terminen en la novela son diferentes a las que imaginó en un principio. Lo importante es que los personajes que está imaginando se pueden mover, activar, hacer importantes para el lector por medio de sus acciones, reacciones, sentimientos y elecciones.

Argumentar es un verbo. Una acción.

Si lo que estás escribiendo es una cosa o una descripción, o si es en esencia una conferencia o un ensayo, va a ser estático. Todavía puede ser una historia, pero una sin estructura, dirigida a un estrecho espectro de lectores. Sé que hay métodos de escritura sin argumento y novelas que sólo se basan en personajes, pero hay que estar consiente de querer escribir una historia de ese tipo.

Si su historia ocurre en un largo período, deberá comprimir la acción en un solo relato compacto (incluso uno largo como una novela). Si no lo puede comprimir tendrá que dividirlo en piezas más pequeñas y pasará a ser una serie de historias. Si se trata de un gran número de personas o de varios cambios importantes de escenario, puede ser una novela, pero no será una historia corta. Si desde el comienzo plantea un problema, pero no logra resolverlo para dar a la historia un final (incluso uno infeliz), no va a funcionar. Si para cerrarlo debe dar un giro repentino de los acontecimientos en el que nada parece en su lugar, no hará que la lectura sea satisfactoria.

Pregúntese: ¿Puedo dramatizar esta idea en una serie de escenas con un mínimo de explicación? ¿Dispone de una trama con una lógica aceptable, puedo crear un argumento para ello? ¿Todo avanza hacia un final plausible (aunque no previsible) consecuencia del desarrollo?

4. ¿Qué hay en juego?
Esa es la cuestión final. Debe haber algo específico y vital en juego (no sólo para usted, sino para el protagonista o algunos personajes más de la novela). El conflicto central, debe contemplar la lucha que dará base al argumento. De alguna manera debe ser posible mostrar lo que es realmente importante para el protagonista, hacer que el lector lo entienda, que sienta empatía y se preocupe por lo que pueda suceder.

Si usted escribe ficción experimental o literaria, puede permitirse libertades sobre lo que hay en juego. Puede ser el impacto del recuerdo de un éxtasis estético, experimentado en un tiempo de sequedad artística, como en Muerte en Venecia,  de Thomas Mann. Puede ser un deterioro de la conciencia con tendencia obsesiva, como en La caída de la casa Usher, de Poe. Será más difícil de lograr que este tipo de cosas parezcan temas vitales para el lector general, pero no quiere decir que no valga la pena intentarlo. Y tampoco significa que usted pueda ignorar el tema y simplemente dedicarse a reflexionar sin rumbo sobre la vida y el mundo durante cuatrocientas páginas. Nadie leerá eso.

Cualquier ficción, aún la literaria, tiene que tener un poco de tensión dinámica, incluso si es movida por la ironía, o algún tipo de contraste sorprendente. Algo tiene que importar, algo debe evolucionar y cambiar, incluso en una pieza de humor. La historia tiene que moverse. Si usted elige no tener un argumento tradicional, va a tener que trabajar el doble de duro para hacer de su escrito algo convincente.

Sin embargo, si usted está escribiendo ficción para un amplio número de lectores, es absolutamente crucial que desarrolle una trama y que algo muy concreto y definido se encuentre en juego. Es lo que en su historia va a ser percibido como “el objetivo de la acción”. Su protagonista quiere conseguir un rubí de aproximadamente el tamaño de un huevo de avestruz, convertirse en un jugador de fútbol de primera clase, escapar de un marido indiferente, obtener una palabra de aprobación de un padre severo, o rescatar las tortugas del zoológico y liberarlas en el mar.

Para los efectos prácticos, una idea para una novela debe ser capaz de ser resumida en una frase que sintetice la historia y nos dé información sobre cuatro aspectos básicos del argumento: el personaje principal, el nudo argumental, el escenario y el tema.

Vea qué tan breve y directo puede ser usted en ésta síntesis. Si al resumen de la idea resulta ser que usted no lo ha visto cincuenta veces antes, tanto mejor. Si es semejante a otras historias conocidas, no se preocupe: todas las historias de amor (de guerra, de odio, de suspenso, de héroes…) aún no se han escrito, ni nada parecido. Algunos temas, manejados de una manera original, son inagotables.

¡Adelante!
Si prueba sus ideas con estos cuatro criterios, mucha van a ser desechadas, o guardadas en su libreta para después. No deje que eso le moleste. Hay mucho más de donde vinieron esas, y algunas de ellas van a pasar la prueba con el sonido de las campanas al viento.

Todo lo que necesita es una sola idea sólida a la vez, para seguir escribiendo de manera productiva y con éxito toda su vida. Utilice estos criterios y usted tendrá la confianza de saber que va a empezar con buen material desde el principio. Materia prima que valga la pena el pensamiento y la energía puestos en su desarrollo, historias que tienen el potencial de alcanzar a sus lectores.

De esta manera, cuando encuentre la idea adecuada, usted difícilmente podrá esperar para empezar a trabajar, escribir, convertir el argumento en escenas, escuchar hablar a sus personajes.

No espere. Empiece ahora.

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7 Respuestas

  1. genkindle dice:

    Estupendo análisis.
    Me acuerdo ahora de que hay gente que sugiere una trama para una novela—muy general y poco elaborada, por cierto—… y si la escribes, poco menos que se sienten los autores: ¡como si una novela fuera su sinopsis!

  2. contijj dice:

    Reblogueó esto en JJ Contiy comentado:
    Genial entrada

  3. Excelentes consejos.

    No estoy de acuerdo, no obstante, con eso de que una idea no vale nada. Otra cosa es que el desarrollo de la misma tenga, o no, calidad “literaria”.

    Un ejemplo (de actualidad). Pongamos que llega a una editorial X, una de las pocas que todavía leen manuscritos, una propuesta de novela, apenas un capítulo, y sinopsis:
    “Un faquir indio que vive de sus trucos viaja a París para comprarse una cama de clavos en Ikea. Para ello tan solo lleva un billete de 100 euros falso. Maravillado por la variedad que ofrece la enorme tienda de enseres para el hogar, decide esconderse y quedarse toda la noche para disfrutarla. Pero al verse sorprendido por unos empleados se oculta dentro de un armario. Inicia así una larga aventura. El armario es enviado a Inglaterra donde, además, tendrá por compañeros de ruta a unos inmigrantes ilegales sudaneses. Y este es el principio de una serie de encuentros y peripecias -de Inglaterra a Barcelona. pasando por Roma y Trípoli- que cambiarán la vida y la manera de ver el mundo de este faquir que se quedó atrapado en un armario de Ikea.”

    Cierto, la historia puede contarse de muchas, infinitas, maneras. Pero la idea está tan clara en el resumen que serán variaciones sobre un mismo tema. Caso de un desaprensivo la pise antes de su publicación, la coincidencia sería bochornosa. Sobre todo, para el iluso principiante, obligado a replantearse todo el trabajo…

    Por tanto, una idea sí que vale. Otra cosa es que no baste para llegar a buen puerto.

    Ahora bien, abundan los escritores sobrados de técnica, pero carentes de ideas.

    • escrilia dice:

      ¡Muy buena idea para una película dirigida por Wes Anderson!
      El comentario que hago sobre el valor (solamente económico) de una idea es muy simple de probar: Ofrece esta idea a todos los editores que conozcas a ver cuánto te pagan por ella.
      Se generan montones de ideas, todas válidas, en poco tiempo. Yo mismo puedo sacar cantidad de ellas en un rato. Lo que es realmente valioso es el desarrollo y sólo si llega a buen puerto. Saludos!

      • Incontestable.
        Esa idea que cito de ejemplo es el argumento de un libro ya publicado. Ya sé que todos, algunos más que otros, podemos generar ideas. Otra cosa es realizarlas. Ya materializadas en 70.000 palabras, más o menos, pueden ser extraídas y resueltas de manera más mecánica pero también más comercial.
        Yo no suelo contar las mías, yo las llevo a buen puerto. Otra cosa es que tenga yate o patera. Pero ese es otro asunto. Su blog me enseña y por eso lo difundo. Un saludo.

  4. Jose Pablo dice:

    estoy de acuerdo con Escrilia, no es que la idea no valga nada, si vale, pero, como pasa con los buenos narradores y los chistes, lo principal es saber contarla; el episodio más vulgar y cotidiano bien contado puedes ser una emocionante aventura, mientras que la aventura más extraordinaria, mal contada puede ser un tostón; yo he dejado varios libros de lado por eso

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