Improvisando escenas en su novela

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Si le digo que se pare frente a una audiencia y hable durante unos tres minutos sobre lo primero que se le venga a la cabeza, y lo haga de manera que resulte interesante. ¿Usted podría hacerlo?

¿Qué pasaría si además le prohíbo que utilice palabras comenzadas con vocales?

Los párrafos resultantes de su lucha por conseguir hablar de forma coherente e interesante sin romper esta regla arbitraria serían bastante extraños. El público, aunque no sepa por qué está usted hablando tan raro, reconocerá en su discurso que está luchando contra “algo” que le impide la libre comunicación y eso atraerá su interés por el resultado.

Y una cosa aún más extraña sucederá si dejo a la audiencia saber qué es lo que usted está tratando de hacer. Ellos se unirán al juego, riéndose de su extraña historia, profiriendo “ooh!” cuando casi cometa un error, anticipando la construcción de frases inusuales y festejando sus aciertos.

El meollo de esto es: cuando usted lucha contra un obstáculo, lo que debe hacer para superarlo se vuelve interesante. La misma acción, la misma escena, sin la barrera del obstáculo requerirá mucho más esfuerzo para obtener el mismo nivel de atención de sus lectores.

Las dificultades y los condicionantes estimulan al cerebro para ser más creativo y encontrar soluciones ingeniosas. Y es la dificultad que conlleva lo que hace a la escritura de avance improvisado, tan atrapante. Me refiero al avance improvisado cuando hablo del tipo de escritura que lleva a desarrollar en simultáneo la historia y la escritura del primer borrador, la que se realiza con mínima planificación. Tengo una idea y me siento a escribir una novela.

La técnica de improvisar escenas (lanzarse a escribir sobre personajes y situaciones que no están previstas y menos aún definidas en su argumento original) sirve para dar más frescura a ciertos pasajes de su novela. Esto también libera sus personajes, intentando que desarrollen facetas de su perfil que no están al servicio exclusivo del argumento, enriqueciendo la historia y generando posibles subtramas.

Tanto si usted es un planificador o un improvisador, en algún punto tendrá usted que unificar y redondear lo que sucede en su historia. Usted puede saberlo exactamente, tener una noción aproximada o directamente no tener ni idea de lo que está pasará a continuación, pero la clave de una escena (quién dice qué cosa y a quién, quién hace qué y cómo) tiene que venir de alguna parte y conducir hacia algo… y mantener el interés del lector.

La idea romántica de la escritura y de la mayoría de las formas de arte, es que usted entra en una especie de estado de trance, se produce un período frenético de actividad, y al recuperar su sentido se ha producido la creación. Por desgracia, este no es generalmente el caso.

Dos personas se sientan en el mismo banco de la plaza. Y… comience a escribir.

Escribir partiendo de la nada es complicado. Usted puede hacerlo, por supuesto, pero la improvisación en general es algo muy difícil de lograr. Mucha gente puede divagar incoherentemente durante largos períodos de tiempo, pero hacer que el resultado valga la pena es otro cantar. Y cuanto menos se sabe acerca de los personajes y las situaciones, más difícil es.

Cuando los actores improvisan, tratan de saber todo lo posible sobre el personaje que están interpretando (y aun así la mayoría obtiene resultados de cuestionable calidad). Y deben sacar adelante un solo personaje. Un escritor tiene que ser todos y cada uno de sus personajes.

Como escritor, se puede sentir como un esfuerzo más creativo ir a ciegas y ver donde la musa le lleva, pero por lo general no le llevará muy lejos. Improvisar una escena no significa lanzarse a escribir sin estructura. De hecho, por lo general ayuda tener claros la estructura y el contexto. Si usted conoce a sus personajes y la situación en que están, las cosas que se le ocurran serán notablemente más interesantes, tanto para usted como para el lector.

Hace meses que está en marcha la investigación sobre el espía que está develando los secretos del servicio de inteligencia. El equipo, supervisado directamente por el vicepresidente, descubrió quién es el agente extranjero que compra la información y lo está siguiendo a sol y a sombra desde hace cinco días. Esta mañana cambia su rutina y se dirige a un parque alejado de su casa. Se sienta en el mismo banco con otro hombre, que resulta ser el hijo del vicepresidente. Y… comience a escribir.

A pesar de que la situación es mucho más precisa en este ejemplo, lo que pasa, las posiciones que se toman, lo que dicen el uno al otro, nos es desconocido. Y cuantos más detalles nos proporcionen y esto haga que la situación sea más difícil de tratar, más interesante y atractiva será la improvisación.

Es importante tener en cuenta que con tener los detalles no es suficiente. La situación tiene que poner algo en juego, debe ser difícil, arriesgado, aparentemente sin solución, no una cosa simple y fácil de hacer. El drama por el drama en sí mismo no puede proporcionar suficiente material para trabajar.

Un hombre entra a su casa y encuentra a su mujer en la cama con otro hombre. Obviamente se puede llegar a algo con ese punto de partida, pero la situación es demasiado genérica como para ser útil para el proceso de improvisación. Un comportamiento predecible, mundano, sin consecuencias sorprendentes no le interesa a la gente, sólo captará su atención si eleva la escena por encima de lo banal.

Un hombre vuelve a casa y encuentra a su esposa grabando a una pareja teniendo sexo en su dormitorio. Allí se producirá una conversación que me gustaría escuchar.

Tomarse un momento para jugar con las distintas maneras con las que una escena puede estar configurada, para realzar la situación, puede hacer que la secuencia se visualice mucho mejor en su cabeza, y lograr que se vea mucho mejor en la página.

Si quiere que una escena se vea fresca y original, que surja desde el corazón de su propia creatividad, tómese un momento para situarla en el marco general de la historia y respóndase lo siguiente: ¿Dónde está el valor de mostrar esto?, ¿Cuál es el mensaje a transmitir?, ¿Quiénes son los personajes y qué está en juego para ellos? Y a continuación, apriete los tornillos. Que sea más difícil, más arriesgado, suba las apuestas y dé menos opciones. Y sólo entonces deje libre su imaginación.

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2 Respuestas

  1. Nicolás dice:

    Así es… La eterna lucha de los neuróticos-racionalistas como yo que se espantan por lo imprevisto, lo no calculado, pero que tampoco pueden pensar en lo que se escribe si no es escribiendo. Ese doble y contradictorio juego de tantear en la oscuridad pero a la vez tener la total libertad, como dice Aira, de escapar hacia adelante, ver qué pasa, hacia dónde nos lleva el capricho de inventar sobre la marcha. Cuando se trata entre improvisar o no poder escribir, mejor el ensayo y error que la página en blanco.
    Saludos

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